martes, 25 de noviembre de 2014

Se miraban fijo, frente a frente, ella acariciaba su cara, él la tomaba de la cintura, besaba su frente, sus mejillas, su nariz, pero ninguno de los dos se atrevía a besar los labios del otro.
Era como si no estuviesen dispuestos a romper la tensión, que la distancia que tomaron les había dejado, como si no estuviesen dispuestos a sentir el riesgo de que ese beso los entrelazara nuevamente,que los hiciera notar que el fuego aun no se apagaba, que eran uno los dos.
Y eso fue exactamente lo que sucedió.

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