Es domingo y te perdono todo, me perdono todo, a ambos, hasta a la agonía de verte de vez en cuando y verte siempre en mi mente.
No tomo un té porque no es como cuando es con vos, y no miro películas porque quizás se me ocurre hacer algo de lo que veo juntos y nunca nos alcanza el tiempo, o nos sobra pero siempre lo desperdiciamos, o lo aprovechamos demasiado, para retozar sobre tu cama, para fumar desde la ventana, para jugar a ser ajenos a esta vida que nos maltrata, (ay como nos maltrata) para jugar a ser de mundos distintos con un presente que nos ata, tan inestable como mágico, tan frágil como fuerte, tan utópico como el después de la muerte.
Si me miras te sonrío, en ese momento lo entendimos. A tus necesidades mis incentivos, a las mías tu cariño, vago y frío (como me gusta tu cariño aunque seas así de ido), a tus trastornos mis abrazos, a los míos repetimos el enredo de brazos.
De eso hablamos cuando no hablamos, de lo que ambos nos damos, ajustados a tiempo y espacio, coincidimos y nos entrelazamos.
Me disculpo por lo que ya no encaja en tus formas, por lo que digo demás por no seguir tus normas, es que andamos un poco desorientados, quizás es que ya no nos encontramos. Que triste y que lejano. Ya no se en donde estamos, sigo en tu cama, sigo a tu lado, quedémonos juntos, sigamos acostados.
A la distancia, pasa tu mano por mi cintura arrastrame hasta chocar con tu figura y durmamos juntos, hasta que el dolor se pase, hasta que nos comprendamos fuera de la cama, hasta que sea sano, por vos, por mi.
Si nos desquiciamos nos alejamos y quizás sanamos, o tal vez nos besamos y lo olvidamos, un rato al menos probemos ser uno de nuevo, se que tal vez no sea bueno pero como olvidar aquello que todavía quiero. Dejame negarlo tan solo un tiempo, dejame ser ciega aunque la verdad me queme por dentro.
Domingo, como infierno, no es lo mismo pero es igual de sombrío no es igual es que no puedo dejar de pensar en este lío.
sábado, 21 de mayo de 2016
viernes, 6 de mayo de 2016
Los pies siempre tan fríos.
Aún tengo sus pantuflas, no porque lo extrañe, no porque quiera volver a verlo y así pueda recuperarlas, no porque me traigan recuerdos lindos, simplemente porque necesito pantuflas y las suyas me gustan demasiado.
Aún tengo sus pantuflas y espero que él no lo recuerde, seguramente lo haga pero no tiene el valor de pedirme que se las devuelva, quizás quiere que las conserve porque cree que me hace bien tenerlas o simplemente no le interesa que vuelvan, y si es así es porque nunca supo valorar lo buenas que son estas pantuflas y el calor que le aportan a uno. Hablo de las pantuflas un poco porque quiero hablar de ellas y otro poco porque es hacer una analogía de lo que paso en nuestra relación. Exacto, él no supo valorar lo que había en el medio, eso que en un principio nos unía, eso casi inquebrantable y aquí estamos, quebrados.
Promesas vanas de un "para siempre" inexistente tuvimos miles, declaraciones de amor que con su viento de tan repetitivas no movían ni una hoja, regalos materiales que están aquí y me miran muy decepcionados ¿para que? no quería tanto, solo necesitaba risas cortas de vez en cuando, no que quiera cambiar lo que creo y lo que hago.
No lo culpo, supongo que no es fácil querer a quien esta congelado de un lado. Ahora no lo estoy tanto, porque aún tengo sus pantuflas y al menos mis pies se están calentando. Sus pantuflas color amarillo, manchadas con el café que volqué un día en su cuarto, suaves, cubiertas de piel y es por eso que me gustan tanto.
Aún tengo sus pantuflas y no creo que vaya a devolverlas, nuestro asunto terminó hace rato, no es necesario volver a cruzarnos, estoy segura de que él no quiere y tampoco las necesita tanto como yo. Usted dirá, son solo pantuflas, pero me gustaría aclarar que aprecio las cosas que llegan a mi de manera aleatoria, como esto, o aquel cuadro de Mafalda que hay en mi habitación el cual encontré en el asensor del edificio donde vivo abandonado por alguien que hasta hoy no volvió a buscarlo. Estas pantuflas llegaron a mi por él, no es tan azaroso, lo se, es particular para mi la manera en que se rompieron mis zapatos esa noche en su casa y tuve que volver a la mía caminando con ellas.
Tal vez es algo tonto, no lo se, simplemente me gustan, no quisiera que me lo recuerden, no quisiera recordarlo tampoco, aunque en verdad no me genera nada, es que son estas pantuflas que me llevan a donde queda su casa, es la mancha de café que aún siento como me quema la pierna, es que no pudo cambiar, y yo tampoco quise que lo haga, ya no había nada más, ya no quería ni que me rozara.
Aún tengo sus pantuflas y hace tiempo no las usaba, ahora recuerdo por que hace meses en él no pensaba.
Aún tengo sus pantuflas, pero ya no siento nada, prefiero mis zapatillas, con los pies siempre tan fríos pero así estoy mejor ubicada.
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