viernes, 6 de mayo de 2016

Los pies siempre tan fríos.

Aún tengo sus pantuflas, no porque lo extrañe, no porque quiera volver a verlo y así pueda recuperarlas, no porque me traigan recuerdos lindos, simplemente porque necesito pantuflas y las suyas me gustan demasiado.
 Aún tengo sus pantuflas y espero que él no lo recuerde, seguramente lo haga pero no tiene el valor de pedirme que se las devuelva, quizás quiere que las conserve porque cree que me hace bien tenerlas o simplemente no le interesa que vuelvan, y si es así es porque nunca supo valorar lo buenas que son estas pantuflas y el calor que le aportan a uno. Hablo de las pantuflas un poco porque quiero hablar de ellas y otro poco porque es hacer una analogía de lo que paso en nuestra relación. Exacto, él no supo valorar lo que había en el medio, eso que en un principio nos unía, eso casi inquebrantable y aquí estamos, quebrados.
Promesas vanas de un "para siempre" inexistente tuvimos miles, declaraciones de amor que con su viento de tan repetitivas no movían ni una hoja, regalos materiales que están aquí y me miran muy decepcionados  ¿para que? no quería tanto, solo necesitaba risas cortas de vez en cuando, no que quiera cambiar lo que creo y lo que hago.
No lo culpo, supongo que no es fácil querer a quien esta congelado de un lado. Ahora no lo estoy tanto, porque aún tengo sus pantuflas y al menos mis pies se están calentando. Sus pantuflas color amarillo, manchadas con el café que volqué un día en su cuarto, suaves, cubiertas de piel y es por eso que me gustan tanto.
Aún tengo sus pantuflas y no creo que vaya a devolverlas, nuestro asunto terminó hace rato, no es necesario volver a cruzarnos, estoy segura de que él no quiere y tampoco las necesita tanto como yo. Usted dirá, son solo pantuflas, pero me gustaría aclarar que aprecio las cosas que llegan a mi de manera aleatoria, como esto, o aquel cuadro de Mafalda que hay en mi habitación el cual encontré en el asensor del edificio donde vivo abandonado por alguien que hasta hoy no volvió a buscarlo. Estas pantuflas llegaron a mi por él, no es tan azaroso, lo se, es particular para mi la manera en que se rompieron mis zapatos esa noche en su casa y tuve que volver  a la mía caminando con ellas.
Tal vez es algo tonto, no lo se, simplemente me gustan, no quisiera que me lo recuerden, no quisiera recordarlo tampoco, aunque en verdad no me genera nada, es que son estas pantuflas que me llevan a donde queda su casa, es la mancha de café que aún siento como me quema la pierna, es que no pudo cambiar, y yo tampoco quise que lo haga, ya no había nada más, ya no quería ni que me rozara.
Aún tengo sus pantuflas y hace tiempo no las usaba, ahora recuerdo por que hace meses en él no pensaba.
 Aún tengo sus pantuflas, pero ya no siento nada, prefiero mis zapatillas, con los pies siempre tan fríos pero así estoy mejor ubicada. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario