Pablo ya no le hablaba, las palabras habían dejado de servir hace rato, no significaban nada; hace tiempo ya rozaban sus cuerpos en horas aleatorias, todo funcionaba en base a la fricción los mismos, todo se creaba y ahí mismo colapsaba. Barbara lo besaba en la frente y se prendía un cigarrillo para fumarlo en la ventana de su cuarto, ya no estaba preocupada, el miedo ya no le carcomía los pensamientos, ya no lo incitaba a que se preocupe por ella ni esperaba que aparezca detrás abrazándola por la espalda.
Pablo la miraba desde lejos y aún creía en su belleza que no era de este planeta, sus caderas eran la curva perfecta para derrapar y morirse en algún otro lugar de su cuerpo. Tantas veces había muerto y renacido en su nombre, tantas veces la había transformado en reina del Hades y tantas otras ambos fueron como Romeo y Julieta.
No importaba ya pensamiento alguno, eran el punto medio de todo fin , eran la luz naranja en medio del cielo del atardecer, brillante, increíble, pero tan efímera que da miedo admirarla.
Mimetizados con un clima impactante que atraía a cualquiera a preguntar que los había unido y cual era su secreto, era como si todos los viesen como la pareja que alguna vez quisieron tener. Impacto frontal que les cortaba la cara justo por la mitad era darse cuenta que aún se veían como el primer día pero solo en la intimidad oh pleasures of the body who push everything to the happines y los engañan creyendo que aún pueden encontrar aquello perdido, roto, o que tal vez no existió y fue una invención de su ilusión, de su afán por construir sobre la magia, efímera magia.
Pablo se levantó de la cama diciendo que algo suyo había quedado en la oficina esa mañana, que lo necesitaba, Barbara le dijo que ella tenia que visitar a sus padres. Se besaron, se vistieron, bajaron al hall juntos y en silencio, mirando su reflejo en el espejo del ascensor como tantas otras veces, aún se gustaban, les gustaba aquello que veían, algo les revolvía el estomago, algo acido, amargo hasta quizás agridulce ¿acaso no lo entendían?. Parados en la puerta del edificio se despidieron con un "hasta luego" y partieron caminando hacia lados opuestos, Pablo avanzó unos metros y miró para atrás, vió ese caminar chueco que tanto le divertía, vio la mano revolviendo el bolsillo de la mochila para sacar los auriculares, vio su pelo enredado por el viento y la quiso, la quiso con toda su alma. Barbara caminó unos pasos y algunas lagrimas gordas y torpes cayeron rodando por sus mejillas rojas por el frío, no volteó porque sabia que él la miraba, también era por eso que lloraba.
Pablo dobló en la esquina compro cigarrillos en el quiosco y retornó a su casa, Barbara fue directo a la suya, ninguno tenia planes, ninguno volvió a ver al otro, ni dijo nada tampoco, oyeron la voz del fin al unisono, comprendieron el adiós en simultaneo, basto la misma nada de esa tarde, prueba irrefutable, maldita nada que cuando aparece todo acaba.
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